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NOVELA "AMA DE CASA SALE DE COMPRAS DE 9 A 12 A.M."

                                                 
¡Hola a todos!
He cambiado la portada de la novela "Ama de casa" y también la he publicado en papel. Os dejo los enlaces donde podéis conseguirla:
¡Y la podéis encontrar aqui http://www.amazon.es/AMA-CASA-SALE-COMPRAS-A-M-ebook/dp/B00YH8774S  por 1,89 euros!

En papel la podéis comprar en este enlace por 16,54 euros: https://www.amazon.es/dp/1549730746
O bien en el enlace de arriba, el del ebook, también os da la opción de comprar el libro en tapa blanda.




Y la sinopsis:

"Era lunes. Eran las diez y media de la mañana cuando recibí la llamada que procedía directamente de la Sala del 091 de la Comisaría de Valladolid"
"Bajo la luz, a través del boquete, adquirió nitidez el cadáver de lo que parecía haber sido un varón de mediana edad"
"Se hallaba en estado de momificación, de pie, encastrado dentro de un habitáculo con las dimensiones justas para albergar su cuerpo. Su piel de pergamino amarilleaba bajo la luz de la linterna ofreciendo un espectáculo dantesco"
"Acerqué mi cara a un palmo de la suya. Olía a polvo viejo y a muerte lejana"
"Es increíble lo que el paso del tiempo hace con nosotros"

ENLACES A RESEÑAS DE ESTA NOVELA:

http://alqs2d.blogspot.com.es/2015/06/ama-de-casa-sale-de-compras-de-9-12-am.html

http://alwaysinourownworld.blogspot.com.es/2015/06/ama-de-casa-sale-de-compras-de-9-12-am.html

http://narayani-eraseunavez.blogspot.com.es/2015/08/ama-de-casa-sale-de-compras-de-9-12-am.html

http://www.librosquevoyleyendo.com/2015/08/ama-de-casa-sale-de-compras-de-9-12-am.html


"Y el sábado a las ocho, puntual como un tren de alta velocidad, llegó a la puerta del bar “Riquete” a lomos de aquel cochazo, vestido de sport y envuelto en aromas que por aquel entonces yo consideraba prohibitivos para el común de los mortales. Yo esperaba en la puerta, de pie, luciendo mis mejores galas: vestido gris ceñido al talle, taconazos de doce centímetros, bolsito plateado y melena suelta. Aguardaba su llegada aferrada a mi bolso como si me fuera la vida en ello. Y él llego puntual, ni antes ni después. Reconocí el coche, lo vi doblar la esquina, acercarse lentamente, parar a mi lado… Él se apeó, me miró de arriba abajo calibrando la mercancía una vez más, me tomó de la cintura, me condujo hasta el coche, abrió la puerta, esperó hasta que me hube acomodado y luego la cerró. Aquel coche, amplio, lujoso, con asientos de cuero, su compañía, el trato recibido y el restaurante donde tuvo lugar la cena, consiguieron que me sintiera princesa de un cuento muy particular: el mío.
La cena, a base de arroz con bogavante, que él pidió y me sugirió pidiera yo también, transcurrió en un ambiente íntimo, de música relajante, luces que coqueteaban con los contornos invitando a dejarse llevar en aquel entorno de seducción, vinos de aroma afrutado que elevaban el espíritu muy por encima del plano terrenal; conversaciones a media voz, intranscendentes en apariencia, pero que velaban intenciones decisivas. Miradas que iban y venían, cargadas con toneladas de deseo que llevaban de aquí para depositarlo allí. Susurros, sonrisas, manos que se encontraban por encima del mantel, piernas que se rozaban por debajo …
De la habitación de hotel que nos recibió después tan sólo recuerdo una lámpara de noche en colores anaranjados, un baño de mármol en tonos arena y una primera vez que recibí con nervios, indecisión, ojos cerrados y un temblor que me erizaba la piel en medio de aquella ola de pasión sobre la que él se movía como el mejor de los surfistas. Con la ayuda de aquella luz naranja, él fijaba la mirada en el objetivo al que seguidamente dirigiría sus labios. A lo largo de horas que se prolongaron hasta el mediodía del domingo procuró que ni un solo centímetro de mi blanca piel se sintiera menospreciado. Y yo me preguntaba cómo había vivido en el mundo hasta entonces sin conocer aquello, cómo no me había muerto de soledad y aborrecimiento, cómo había conseguido sobrellevar mis solitarias noches durante más de veinte años…
A partir de ese día, las citas se convirtieron en diarias. Paseos por lugares apartados de la civilización, tiernos besos, constantes arrumacos y largas noches de pasión pasaron a formar parte de nuestro día a día. A cualquier hora, con cualquier pretexto, él aparecía por la tintorería, e ignorando la socarrona mirada de doña Adelaida, me agarraba de la cintura para asestarme besos que se prolongaban hasta rayar la indecencia, o inflamarme con ágiles manos que conseguían colarse por debajo de mi bata blanca hasta alcanzar mi ombligo o mis pezones.
Los mensajes seguían llegando, al despertar, al acostarme, durante el día, ardientes como lava de volcán. Él a sus treinta y seis, y yo a mis veintiuno, nos habíamos enamorado como dos colegiales. Yo estaba libre, él atado a un matrimonio que se iba a pique pero dispuesto a saltar por la borda para agarrarse a ese madero de salvación que era yo. Vivíamos aprisa, a golpe de reloj para ganar minutos al tiempo que nos permitieran prologan nuestros encuentros, cada vez más íntimos, cada vez más reservados, alejados ya de locales públicos, reducidos a las paredes que enmarcaban la vivienda que él tenía en alquiler a pocos metros de la tintorería Blanco. De nuestro amor eran testigos doña Adelaida y Dios, nadie más."
Párrafo de la novela "Ama de casa sale de compras de 9 a 12 a.m."